EDITORIAL
La Revolución Cubana sigue siendo una de las mayores reservas morales y políticas de la humanidad
- SÃO PAULO (SP)
- NINA FIDELES
Cuba es un país que existe mucho más allá de sus fronteras. Incluso asfixiada por un bloqueo criminal impuesto hace más de seis décadas por Estados Unidos, la Revolución Cubana resiste.
En los últimos días, Habana volvió a iluminarse parcialmente gracias a la llegada de un barco ruso con 100 mil toneladas de petróleo, rompiendo el cerco económico impuesto a la isla. La imagen dice mucho sobre nuestro tiempo, porque Cuba es territorio concreto de la disputa geopolítica contemporánea y de la construcción de alternativas.
Fidel Castro recordaba constantemente una frase de José Martí que atraviesa generaciones: “Patria es humanidad”. La patria no se limita a las fronteras; se concreta en la solidaridad entre los pueblos del mundo. No reduce el término patriotismo a amar un país como abstracción sentimental, sino a una construcción ética y política permanente. Una elección histórica.
Pero hay que tener cuidado para no romantizar esta resistencia, ni transferir a un solo pueblo el peso de la esperanza colectiva. El pueblo cubano también se cansa. También quiere vivir plenamente, tener estabilidad material, transporte, energía eléctrica, condiciones dignas de desarrollo y futuro. Sin bloqueo. Sin sanciones. Y dentro del modelo socialista.
Batalla por los sentidos
Vivimos bajo un monopolio cada vez más sofisticado de la producción y significación de sentidos. Las redes sociales vendieron al mundo la ilusión de la democratización de la información, cuando solo ampliaron la velocidad de la disputa narrativa y de la fragmentación de la conciencia colectiva.
La pregunta central de nuestro tiempo tal vez ya no sea si las personas saben lo que ocurre en el mundo. Todos vieron Gaza. Todos oyeron hablar del bloqueo contra Cuba. La cuestión es otra: ¿qué significado damos a los acontecimientos?
Con suficiente repetición, se naturaliza lo injustificable. Se naturaliza la idea de que Israel solo “se defiende”. Se naturaliza la idea de que Cuba es bloqueada porque representa una “dictadura” o una amenaza al mundo. Y esto es reproducido diariamente por las grandes corporaciones de medios, sin ningún tipo de vergüenza.
Disputar la conciencia es, ante todo, una disputa de interpretación de la realidad. Cuando hablamos de proyecto histórico, de resistencia que atraviesa generaciones y de formación política, no existe ejemplo más vivo. No hay transformación profunda sin permanencia. No hay construcción de soberanía sin enfrentar contradicciones, revisiones y un enorme esfuerzo colectivo. Como decía Fidel: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”.
Brasil de Fato reafirma su posición histórica de contribuir en lo que esté a su alcance para esta tarea. Denunciar los crímenes del imperialismo, defender la integración latinoamericana y de los países del Sur Global, y sostener la comunicación como instrumento de lucha y conciencia.
Efecto Cuba
El efecto Cuba en nosotros es, ante todo, la necesidad permanente de recalibrar nuestro espíritu y sentidos ante un mundo entrenado para naturalizar la barbarie.
Hay algo profundamente pedagógico en la experiencia cubana. Cuba nos recuerda que solidaridad no es compartir aquello que sobra, sino compartir incluso aquello que falta. Y quizá por eso también nos confronta con nuestra propia impotencia. Queremos contribuir más, y ahora.
Pero la dimensión histórica que carga el pueblo cubano exige de todos nosotros más que solidaridad puntual, que se vuelve extremadamente importante. Exige compromiso político permanente.
Sabiendo esto, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra mantiene campañas permanentes de solidaridad y donación de medicamentos para Cuba. Así como diversas otras organizaciones populares e iniciativas internacionales que comprenden que la defensa de la isla no puede limitarse al discurso.
Es obligación de los pueblos del mundo defender la Revolución Cubana y denunciar el bloqueo criminal impuesto por Estados Unidos. Es obligación de las naciones manifestar solidaridad concreta, material y política. Con insubordinación al bloqueo y con valentía. Por todos nosotros, porque cada derrota infligida a Cuba es también una derrota contra cualquier idea o experiencia socialista y soberana.
Cuando las izquierdas estén distantes del pueblo, excesivamente capturadas por las dinámicas institucionales o incapaces de producir horizonte histórico, será necesario volver los ojos hacia Cuba. No para copiar mecánicamente su experiencia, sino para reencontrar principios, reconstruir pilares y recuperar la fe en la capacidad de construcción de nuestra propia realidad.
Cuba no puede fallar, decía un amigo cubano. Complemento: porque, cuando uno cae, caemos todos. Y sería una señal de que perdimos un poco más de nuestra propia humanidad.